viernes, 9 de agosto de 2013

¡Que se corra el telón, científicos a escena!






































La ciencia sube a escena en el mayor festival de teatro

Con obras que hablan de Albert Eistein, las maravillas de la física y la ciencia del sexo, este año el festival Fringe de Edimburgo incluye a varios científicos que han cambiado las aulas magnas por el escenario. En el festival de artes escénicas más grande del mundo, la frase "teatro experimental" este año tiene un significado completamente nuevo.

En uno de los espectáculos, titulado Festival of the Spoken Nerd (festival del nerd asumido), tres comediantes de stand-up (monólogo humorístico) y científicos aficionados crean un tornado de fuego en escena, electrocutan un pepinillo en vinagre y realizan otros experimentos.

En otra parte de la ciudad escocesa un físico pone en escena el drama de una conferencia sobre mecánica cuántica, mientras que Peter Higgs, descubridor del bosón de Higgs, hace su aparición en un espectáculo de "stand-up de física".

Hay al menos cuatro obras que combinan ciencia y comedia para hablar de las relaciones amorosas y el sexo, y un musical sobre Albert Einstein, llamado Relatively speaking (hablando relativamente), que promete demostrar la premisa "Einstein=comedia musical al cuadrado".



El actor y físico Andrea Brunello lleva la mecánica cuántica a escena.


Buscar lo inalcanzable
















El actor John Hinton interpreta a Einstein en Relatively Speaking.

"Un vínculo entre la ciencia y el teatro es que ambos nos preocupamos por explicar cómo funcionan las cosas y por encontrar respuestas a los problemas", explica el dramaturgo Rob Drummond. "A los dos nos interesa la búsqueda de algo inalcanzable, que es la verdad".
Drummond cree que la abundancia de espectáculos científicos se debe a que la gente está buscando en la ciencia, en lugar de la religión, la explicación de los misterios del universo.
"La ciencia está resolviendo muchas de esas preguntas que antes pensábamos que no tenían respuestas más allá de la superstición o el pensamiento religioso y ha adquirido más importancia en nuestra vida", dice el autor. "Yo fui criado en un hogar religioso, pero en la última década me fui alejando lentamente de eso y la ciencia es lo que más me ha atrapado. Ahora estoy un poco obsesionado con la ciencia y la física cuántica".

Andrea Brunello, actor profesional doctorado en física teórica, escribió e interpreta la obra The Principle of Uncertainty (El principio de la incertidumbre). La describe como una clase de mecánica cuántica con un giro dramático.
Según Brunello, la dramaturgia es clave para asegurarse de que la ciencia "le hable a seres humanos y no sea fría y distante". "Creo que la gente se está dando cuenta de lo importante que es entender la realidad", dice el autor y actor.

Su obra es el primer fruto de la colaboración con el departamento de física de la Universidad de Trento, en Italia, para crear ciencia teatral, o quizás teatro científico. Cuando se refiere a hombres de ciencia como Einstein, Higgs e Isaac Newton –todos presentes de alguna forma en este Festival Fringe– Brunello habla de "gigantes". "Pienso que la gente comienza a comprender que estos gigantes pueden hacer que el mundo sea mejor", dice en conversación con la BBC.

Problemas a largo plazo

El espectáculo sobre Higgs, titulado con su nombre, es un stand-up de física, según su autor, el holandés Jan van den Berg. "En Holanda tenemos un nuevo tipo de teatro que llamamos stand-up filosófico, stand-up económico, etc.", explica.

Autor teatral, cineasta y entusiasta aficionado de la física de partículas, van den Berg opina que lo que une a científicos y artistas es que son los únicos que reflexionan sobre problemas a largo plazo. Observan y piensan "más allá de cuatro años en política o 24 horas en la bolsa de valores y tratan de considerar las preguntas más grandes".

Peter Higgs en persona fue parte del público de "Higgs" en la histórica aula magna de anatomía del Summerhall de Edimburgo, antigua sede de estudios veterinarios hoy reconvertida en centro de artes. "Creo que es muy productivo porque puedes exponer cosas en un lenguaje diferente que las hace más accesibles para la gente", dijo Higgs al ser consultado por la notable abundancia de obras basadas en la ciencia.

Escarbar para descubrir

Helen Arney comenzó a actuar con sus monólogos humorísticos después de graduarse en física teórica en la universidad Imperial College de Londres. "Mis cómicos y escritores de comedia favoritos piensan de la misma forma que algunos científicos", cuenta. "No miras al mundo y ves sólo lo que está en la superficie. Tienes que descubrir cómo funciona por debajo".

"Los mejores cómicos son aquellos que no trabajan sólo con estereotipos y cosas superficiales. Escarban para descubrir cosas fundamentales sobre la naturaleza humana. Y algunos de los mejores científicos ven el mundo de la misma forma". En Fringe, Arney protagoniza Domestic Science (ciencia doméstica) junto a su compañero en la vida real Rob Wells, y también es una de los nerds amantes de las hojas de cálculos del Festival of the Spoken Nerd.
Aunque ellos son demasiado articulados y carismáticos como para ser nerds de verdad.

"Estamos intentando redefinir 'nerd' no como alguien que se encierra en su cuarto y no habla con nadie", explica Arney. "Ser un nerd es no poder dejar de comunicar estas cosas geniales. No podemos creer que la gente no se interese por estos temas".


Fuente:


Renato Picerno
Comunicación
Museo Interactivo de Ciencia


viernes, 2 de agosto de 2013

Para levitar, todo menos silencio


***Tomado del original publicado el martes 16 de julio 2013 por Mihai Andrei



Gotas de agua, gránulos de café, fragmentos de poliestireno e incluso un palillo de dientes -esto, y más-, ha sido recientemente levitado en un laboratorio suizo, utilizando ondas sonoras, es decir. Ésta es la primera vez que un dispositivo es capaz de manejar varios objetos a la vez. Este logro se detalla en un artículo publicado en las Actas de la Academia Nacional de Ciencias.


Esta no es la primera vez que se realiza levitación, pero por lo general se utiliza electromagnetismo. Las fuerzas electromagnéticas se han utilizado para levitar incluso ranas. Se demostró que las ondas de sonido en teoría pueden levantar objetos, pero hasta ahora, los dispositivos solo fueron capaces de hacer un muy poco más que mantener a un objeto en su mismo lugar.

Para levitar y mover objetos utilizando ondas sonoras, Dimos Poulikakos, un ingeniero mecánico en el Instituto Federal Suizo de Tecnología (ETH) de Zurich, reunió a su equipo para desarrollar una plataforma que crea sonido utilizando cristales piezoeléctricos, los cuales pueden encogerse o estirarse en función del voltaje aplicado a ellos. Cada plataforma es aproximadamente del tamaño de una uña meñique.

Estas plataformas emiten ondas sonoras que se mueven hacia arriba hasta llegar a la superficie del objeto, cuando regresan; conforme regresan, ellas  se encuentran con otras ondas que van hacia el objeto y las dos ondas se anulan entre sí en los llamados nodos. Objetos colocados allí permanecen atrapados en el lugar debido a la presión de las ondas sonoras procedentes de ambas direcciones.

Colocando varias plataformas una junto a otra, y adaptando longitudes de onda, los investigadores pueden usar estos nodos para remolcar objetos entre las plataformas. Dependiendo cómo se coloquen las plataformas, se puede mover los objetos de varias maneras.

Aparte de ser simplemente increíble, esto también puede tener algunos beneficios prácticos. El sistema podría ser utilizado para mezclar sustancias químicas sin el riesgo de contaminación, y/o mezclar sustancias químicas peligrosas.

"Nos hemos divertido demostrando la idea de chocar un trozo de sodio con un poco de agua, que es obviamente una reacción agresiva", dice Dimos Poulikakos.


Fuente:


Renato Picerno
Comunicación
Museo Interactivo de Ciencia




No podía hablar, pero me curé cantando




Los pacientes con ictus, el accidente cerebrovascular caracterizado por la interrupción del flujo sanguíneo al cerebro, podrían "volver a conectar" su cerebro con lecciones de canto y así recuperar el habla.

Según expertos, a través del canto, los pacientes utilizan una zona distinta a la del habla afectada en el cerebro.

Si el "centro del habla" del individuo está dañado por un accidente cerebrovascular, en su lugar puede aprender a utilizar el "centro del canto".

Los expertos hicieron público estos hallazgos durante la reunión anual de la Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia (AAAS, por sus siglas en ingles) en San Diego, Estados Unidos.
Los investigadores que participan en el estudio explicaron que un ensayo clínico en curso ha demostrado cómo el cerebro responde a la terapia de "entonación melódica".

Gottfried Schlaug, profesor de neurología en el Beth Israel Deaconess Medical Center y en la Harvard Medical School en Boston, EE.UU., dirigió el experimento.

La terapia ya se ha establecido como una técnica médica. El tratamiento se empezó a utilizar después de que se descubriera que los pacientes con ictus incapaces de hablar aún podían cantar.
Schlaug explicó que su estudio fue el primero en combinar esta terapia con imágenes del cerebro, "para mostrar lo que realmente está sucediendo" cuando los pacientes aprenden a cantar sus palabras.

Establecer conexiones

La mayoría de las conexiones entre las áreas del cerebro que controlan el movimiento y los que controlan la audición está en el lado izquierdo del cerebro.

"Pero hay una especie de agujero en el lado derecho", dijo Schlaug. "Por alguna razón, no está tan dotado de esas conexiones, con lo cual el lado izquierdo es el que más se usa para el habla", continuó el experto. "Si se daña el hemisferio izquierdo, el derecho tiene problemas (para suplir ese papel)”.

Pero a medida que los pacientes aprenden a traducir sus palabras en melodías, las conexiones fundamentales del lado derecho del cerebro se empiezan a formar.

Estudios anteriores han demostrado que este "centro del canto" está excesivamente desarrollado en los cerebros de los cantantes profesionales.

Durante las sesiones de la terapia, a los pacientes se les enseña a traducir sus palabras a melodías simples.
Schlaug señaló que tras la primera sesión, un paciente con accidente cerebrovascular incapaz de formar cualquier palabra inteligible puede aprender a decir "tengo sed" gracias a la combinación de cada sílaba con la nota de una melodía.

A los pacientes también se les anima deletrear cada sílaba con sus manos. Esta técnica permite al paciente tener una especie de "marcapasos interno" que, según Schlaug, hace que el tratamiento sea más eficaz.

"La música podría ser un medio alternativo para comprometer las zonas del cerebro que normalmente no lo están", agregó.


Sonidos cerebrales


Por su parte, Patel Aniruddb, del Instituto de Neurociencias en San Diego, dijo que el estudio fue un ejemplo del "boom de la investigación de la música y el cerebro" en la última década.

"Algunas veces la gente pregunta en qué parte del cerebro se procesa la música, y la respuesta es en todas partes por encima del cuello", comentó Aniruddb.

"La música agrupa grandes zonas del cerebro, no sólo ilumina un lugar en la corteza auditiva."
Nina Kraus, neurocientífica de la Universidad Northwestern de Chicago, también estudia los efectos de la música en el cerebro.

En su investigación registra la respuesta del cerebro a la música mediante electrodos en el cuero cabelludo.
Este trabajo le ha permitido "reproducir" la actividad eléctrica de las células del cerebro cuando se recogen los sonidos.

"Las neuronas trabajan con electricidad. Si puedes grabar la electricidad del cerebro, puedes reproducirlo por altavoces y escuchar cómo el cerebro procesa los sonidos", explicó.
Kraus también ha descubierto que la formación musical parece aumentar la capacidad de realizar otras tareas, como la lectura.

Dijo que las investigaciones sobre cómo el cerebro responde a la música aporta pruebas de que la formación musical representa una parte importante en la educación de los niños.

Fuente:

Renato Picerno
Comunicación
Museo Interactivo de Ciencia

viernes, 26 de julio de 2013

¿El agua en la luna se originó en la Tierra?


***Tomado del original escrito por: Inma Gil



El agua de la Luna y el agua de la Tierra tienen el mismo origen. Esa es la conclusión a la que llegó un equipo científico de la Universidad de Brown, en Estados Unidos, después de analizar las muestras de rocas lunares traídas en los años 70 por las misiones Apolo de la NASA. Los resultados de la investigación, liderada por el geoquímico argentino Alberto Saal, se acaban de publicar en la revista Science Express.
No traten de rebuscar en la memoria o en sus viejos libros escolares de ciencia: la noción de que hay agua en la Luna es tan reciente que apenas tiene cinco años de vida. Los mismos que lleva Saal trabajando en su investigación: analizando las mismas muestras de hace 40 años, pero con una tecnología moderna que le permitió sacar conclusiones que otros no pudieron.

Cuando en 2008 anunció por primera vez que hay agua en la Luna contrarió lo que la comunidad científica pensaba hasta entonces: que la Luna era completamente seca. "Esencialmente lo que nosotros medimos es el hidrógeno. Lo expresamos como agua porque es una de las moléculas más comunes, pero lo importante es la presencia del hidrógeno", explicó el argentino.

En 2011 Saal y su equipo investigaron la cantidad de agua presente en las rocas volcánicas lunares, que es similar a la cantidad observada en las rocas volcánicas terrestres. Y ahora, en la tercera entrega de esta fascinante historia, el investigador anuncia que esas muestras de agua tienen el mismo origen que la de la Tierra.

La otra gran conclusión de esta investigación es que fueron las condritas carbonosas, unos meteoritos primitivos, y no unos cometas como se pensaba, los que trajeron el agua a la Tierra. Para llegar a estas conclusiones los investigadores analizaron la lava del interior de la Luna y observaron el isótopo o la "huella digital" del hidrógeno. Ese hidrógeno se encuentra atrapado en cristales volcánicos. "Al medir el isótopo comprobamos que tenía el mismo valor que el del hidrógeno de las condritas carbonosas y no que el de los cometas", dijo Saal.

Las condritas son unos meteoritos primitivos que son los que dieron origen a los planetas. Las condritas carbonosas, en particular, contenían hidrógeno, es decir agua. Una parte de la comunidad científica creía que fueron los cometas los que trajeron el agua a la Tierra después de que esta ya estuviera formada. Pero los resultados del estudio de Saal apuntan a que fueron las condritas. "Entonces nosotros decimos que el agua que vino a la Luna y a la Tierra tiene el mismo origen, el mismo reservorio, que son las condritas carbonosas", resumió.

¿Cómo llegó el agua a la Luna?

Según el investigador, el agua llegó a la Luna muy, muy temprano, antes de los 4.400 millones de años, cuando los planetas aún se estaban formando. "Nuestra explicación es que la Tierra se formó con agua desde el principio", dijo. "Después vino un impacto gigante entre la Tierra y otro de estos planetas cuando se estaban formando, cuando ya eran grandes planetas. Durante la colisión todo se funde, hay temperaturas muy altas de 5.000 a 7.000 grados kelvin. Y durante esa colisión se forma una Tierra mayormente fundida", explicó. "De los restos del choque, que incluyen pedazos de la Tierra y del planeta que choco con ella, se forma un disco fundido muy, muy caliente, como una nube muy densa. Y ese disco se empieza a agregar para formar la Luna", dijo.

"Durante este impacto, de alguna forma -no sabemos exactamente como- no todo el hidrógeno se perdió. Se perdió algo -que se evaporó por el calor- pero no todo, y así es como entonces la Luna termina con agua", continuó. "Así es como entendemos de dónde y cuándo vino el agua que está en la Luna y por tanto está muy relacionada con el agua que está en la Tierra", concluyó.

Según el argentino el interior de la Luna quedó esencialmente fosilizado muy temprano y a medida que la Luna se fue enfriando fue formando una especie de casquete o coraza externa, llamada litosfera. "Una vez formada esa coraza es muy difícil que cualquier cosa que viniera más tarde pudiera penetrar al interior. De manera que si nosotros vemos una lava del interior de la Luna que trae agua sabemos que esa agua ha estado ahí muy, muy, muy temprano. Probablemente antes de los 4.400 millones de años", explicó Saal.

¿Y cómo llegó el agua a la Tierra?

"Sabemos que las aguas de la Tierra proceden de las condritas carbonosas", dijo Saal. "El problema es que no se sabe cuándo llegaron a la Tierra las condritas carbonosas", añadió. Las condritas son de los primeros meteoritos que se formaron en el sistema solar. "Son bien primitivos", describió Saal. Estos meteoritos se fueron agregando entre ellos hasta formar el planeta.

Según le explicó Saal a BBC Mundo, hasta alrededor de 2009 se creía que los planetas llamados "terrestres" -aquellos que están entre el Cinturón de Asteroides y el Sol: Marte, Tierra, Venus y Mercurio- se habían formado a partir de materiales totalmente secos y que el agua había llegado después. Se pensaba que estos planetas se habían formado mediante la condensación de la nebulosa solar pero que estaban formados por material sin agua porque, estando tan cerca del Sol, el agua de la nebulosa solar no se podría haber condensado. Es decir, se habría condensado el sólido sin el hidrógeno y el agua habría llegado mucho después, en cometas.

"Pero a partir de 2011 aparecen modelos que dicen que los planetas se formaron con agua desde el principio", dijo el investigador. "Según estudios recientes el 98% del agua de la Tierra viene de las condritas carbonosas mientras que sólo el 2% lo hace de los cometas".

La gran interrogante que aún queda por resolver, según Saal, es cómo esa agua presente en la Luna logro sobrevivir a la gigantesca colisión de la Tierra con el otro planeta. "Nuestra investigación sugiere que a pesar de que haya un gran impacto no se tienen porqué perder los elementos volátiles totalmente", declaró el geoquímico.

También sugiere, según los investigadores, que hay ciertos procesos importantes sobre cómo se forman los planetas y los satélites que todavía no entendemos.

En la investigación también participó Erik Hauri, del Carnegie Institution de Washington, James Van Orman, de la Universidad Case Western Reserve, y Malcolm Rutherford, de la Universidad de Brown.

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